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jueves, 17 de octubre de 2019

Solo es un resfrío (¿o no?)

Del 24 al 28 de setiembre tuve mi novena ronda de quimio (Palmas carajo, ya van nueve). Al igual que en las últimas dos, los efectos secundarios estuvieron moderados (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/09/no-pierdas-los-papeles.html), pero no contaba con un pequeño detalle, el cambio de clima y los resfríos por doquier. 

Con las defensas bajas a causa de las quimios, es más fácil que me de cualquier cosa, como por ejemplo infecciones en heridas, que me estuvo pasando durante las últimas quimios. Entonces, inevitablemente, el resfrío se hizo presente en esta ronda… y de qué manera. 

Pues bien, los días siguientes de la quimio empecé con los síntomas típicos del resfrío. Pero como en general a mí no me da fuerte, suelo tener un poco de estornudos, mocos y tos; pero no malestar ni fiebre ni nada que me tumbe a la cama. In embargo estaba un poco más pesadillo que de costumbre, y me vi forzado a tomar unas pastillas contra la gripe (En general evito tomar pastillas, ya suficiente con todos los cocteles que me ponen para la QT). 

A los pocos días me sentía mejor, y llegando el viernes, me fui a dar una vueltita con mis amigas para comer y tomar algo. Éramos felices jajaja. Yo estaba casi bien, un poco de moquillo pero nada más, así que ya empezaba a hacer mis planes de fin de semana. Pero no… creo que el destino no quiere que me vaya de parranda, que disfrute los días que me quedan antes de la operación, pues ahí sí que estaré de reposo absoluto. No… la vida no me deja hacer mis caprichos, la vida me dice, ¡púmbale… vaya para su cama!

Y así fue, todo el fin de semana en cama. No podía creerlo porque a mí no me dan los resfríos así, inclusive con una ligera fiebre, pero claro, no contaba con la astucia de la quimio de ponerme vulnerable y regresó con furia. Llegó lunes y no había mayor cambio, así que me decidí a ir al doctor el martes… claro, luego del taller que tenía en un colegio sobre bádminton inclusivo, y que no iba a dejar de lado por un resfriadillo jeje. 

Coincidentemente el colegio estaba muy cerca al hospital donde me atiendo, así que luego de sobrevivir al taller, me fui directo a hablar con mi médico. Era por ahí medio día. Logré hablar con él a la 1. A las 2 estaba entrando por urgencias al hospital jeje. 

Para el doc., lo más probable es que no fuese solo un resfrío, y como estoy con las quimios, era mejor analizarme bien para estar seguro que había por ahí. Así que ya en urgencias, me dieron una camita, mientras me hacían los exámenes que necesitaban y descubrían que tenía.

Analíticas de sangre y placas a los pulmones. Resultado, resfrío y sinusitis. Pero no era tan grave como para internarme, así que la doctora me dijo que me iban a mandar a casa con antibióticos en pastillas y listo. Eran como las 6 de la tarde. A las 7 regresa la doctora a decirme que se habían equivocado, que no vieron que un indicador de la sangre estaba muy bajito, y que era mejor que me quede para controlarlo. Ni modo, lo que sea lo mejor. A las 8 viene otra doctora a decirme que por tratar de ser muy cuidadosos conmigo, se equivocaron dos veces, que resulta que este supuesto indicador bajito, no estaba tan bajito, y que podía irme a casa. Ya para qué hacer escándalo, sólo le dije a la doctora que mejor aún, y que no había problema. Me dijo que iba a mandar la receta con el alta. 

Imaginé que se iban a demorar con eso, así que decidí echarme una siestecita. Para qué… me dio un poquito de frío… y a la enfermera que no se le escapa una, me tomó la temperatura, tenía 38. No te vas… primero que baje la fiebre… El más salado… 

Eran como las 10 de la noche y ya había bajado la fiebre. Para esto ya estaba otra enfermera, así que aproveche el pánico jaja… me puse mi ropa, la enfermera me preguntó por qué me cambiaba, le dije que ya tenía el alta y se la enseñé, me preguntó que esperaba, le dije a que me saquen la vía, la sacó, y me fui raudo y veloz jajaja. 

Los siguientes días los pasé con altibajos, por ratos tranquilo, por ratos me sentía mal de nuevo. Pero la vida no se detiene y tuve que ir a la toma de huellas, que fue la historia que conté en el post anterior (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/10/como-si-fuera-el-ultimo.html). Luego de eso me empecé a sentir mejor, pero la historia de mi resfrío, que resultó en una compleja infección, recién empezaba… no por nada estoy internado en el hospital desde el martes… y esta historia aún no acaba… 

¡He dicho! 


¿Dónde estás?- En el hospital clínico San Carlos, hospitalización de oncología, habitación 01 jeje. Cuando salga de acá les contaré el resto de la historia, mientras, visítenme ps’ malditos jajaja. 


Kikín Rispa
kikinrispa@gmail.com
https://www.gofundme.com/Beyond-cancer-disability-kikin
Supernova 
(17 de octubre del 2019)

miércoles, 17 de julio de 2019

Pero eso es bueno, ¿no?

Cuando empecé la sexta ronda de QT, como les conté (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/06/6-7-y-8.html), me dieron la noticia de que me operarían para setiembre (Salvo con un milagro, de esos que ocurren poco… pero que puede pasar). 

Por más buena actitud que tengo, estas noticias nunca caen bien, sobre todo cuando te las dan. Así que en ese momento estaba un poco contrariado, pero nada como para hacer otro berrinche jeje (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/06/estoy-harto.html)

Fui medio meditabundo a empezar mi ronda de quimio, entre en la sala, me ubicaron en uno de los sillones, saludé a mis vecinos, y me senté a esperar a que pasen los químicos a mi cuerpo, con la esperanza floja de que todo este tratamiento, acompañado de todas esas molestias de los efectos secundarios, valgan la pena. 

Y entonces, sucedió lo que SIEMPRE pasa. Cuando estás en esos momentos difíciles o duros, siempre aparece un mensaje directo al corazón, SIEMPRE. Lo que pasa es que la mayoría de personas se encierra en el sufrimiento (que es opcional, por si no lo sabían), y no quieren saber nada de la vida, y se cierran a escuchar (Que es distinto a oír). Yo no, a pesar de todo, siempre escuche con el corazón. 

Una de las oncolegas u oncocompi (palabras que me he inventado hace poquito jeje) empezó a contar su situación, y al poco tiempo empezó a llorar. Decía que sus tumores seguían creciendo y que no podían operarla. Creo que iban a probar un cambio en l su tratamiento de quimio pero que de seguir así, muy poco se podría hacer, puesto que además ya tenía metástasis en otros lugares. 

Las enfermeras trataban de animarla en lo que limitadamente pueden hacer, no porque no tengan la capacidad de ayudar, sino porque alguien que no la vive, no tiene idea de lo que significa tener cáncer. El ambiente de la sala se puso un poco tenso. Yo escuchaba lo que decía y pensando también en qué podría decir o hacer, sin que se me ocurriera nada, a pesar de yo ser un oncolega. 

Hasta que otro de los oncocompis empezó a contar que sus tumores también seguían creciendo y que tampoco lo podían operar, y que iba a pasar a un tratamiento alternativo, a ver si de esa forma podían parar el crecimiento de sus bichos. Si mal no recuerdo, en algún momento dijo la consabida frase, “es lo que hay”, pero agregando que es lo que le ha tocado con esta enfermedad, pero que también toca lucharla hasta el final. No había otra opción. 

El ambiente del salón seguía tenso. Yo prefería guardar mi historia porque sin duda, comparada con la de ellos, termina siendo una “suerte” o una “bendición”, como lo quieran llamar. “Es lo que toca”, y a cada uno le toca una historia distinta dentro de esa misma sala de oncología. 

El resto del día me quedé pensando mucho y finalmente me quedé agradecido por lo que me tocaba a mí. Si bien no era el mejor escenario, lo que yo esperaba, que desaparezcan los tumores de plano; pues tampoco era el peor, en el cual los tumores siguieran su creciendo, pues, los míos habían detenido su crecimiento y estaba cambiando su morfología, lo cual en palabras del doctor, “era lo esperado”.

El último día de esa ronda de QT, el domingo, me encontré con otra oncolega, y prácticamente estábamos los dos en la sala. Me contó que la iban a programar para cirugía, pero para agosto. Le conté lo mío y que me iban a operar para setiembre. Su respuesta fue, “Pero eso es bueno, ¿no?”; y que sin duda los dos teníamos suerte de que nos puedan operar.

Como para no olvidarme de esto, el viernes pasado que fui al hospital para recoger mi resultado de estudio genético (estudio que NUNCA me hicieron en Perú), me la volví a encontrar, y me dijo básicamente lo mismo. Suerte tenemos que nos puedan operar. Y así es… 

¿Ven? Todo es cuestión de perspectiva. Cuando entierras la cabeza en el suelo, algo te puede parecer lo peor del mundo; pero si levantas la cabeza para ver alrededor, puedes apreciar que, dentro de todo, puedes tener muchas bendiciones por las cuales estar agradecido. 


¡He dicho! 


¿Y luego?- Varias personas me preguntan si luego de la operación me van a hacer quimio, radio o algo más… Esteee… ya estuvo bueno, ¿no?, ¿Qué más quieren que me hagan? Jajaja. En realidad no lo sé, todo depende del examen de agosto, así que desde ahora hasta esa fecha, les pido que aumenten las oraciones y buenas vibras para que los pinches tumores se reduzcan a su mínima expresión, y para los que creemos en milagros, inclusive para que hayan desaparecido por completo. 


Kikín Rispa
kikinrispa@gmail.com 
(17 de julio del 2019)

miércoles, 10 de julio de 2019

¿Pero qué te ha pasado?

Hace un par de semanas fue la sexta ronda de QT (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/06/6-7-y-8.html), y como les había contado, tengo algunos malestares durante y después del tratamiento (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/04/como-va-la-quimio.html), aunque la verdad que son pocos y no son fuertes, así que se hace llevadero. Lo cual no quiere decir que no tenga días en que realmente me siento mal, como pasó en esa ronda. 

Empecé esa ronda de QT el día miércoles 26/06 con 8.7 de hemoglobina. Ya me sentía en general bastante cansado, por lo que cuando salía al hospital, tenía que caminar despacio y parando de rato en rato, porque además me empezaba a doler el muñón, producto de la hinchazón y del dolor muscular. Todo por efectos de la QT. 

Aguanté dos días, al tercero, el viernes, a duras penas llegué al “Clínico”, así que en la puerta pedí que me lleven en silla de ruedas hasta el hospital de día de oncología, que está al otro lado del hospital, y si mi cálculo no me falla son algo de 400 metros. O sea, para mí, con prótesis y con anemia, no me hace gracia. Pero no solo ese, sino que me empecé a sentir mal, físicamente, fastidiado y con dolor muscular. ¡Horrible oye! Entonces no había de otra que pedir silla para no exigir más mi cuerpazo latino andino chorrillano caribeño jaja. 

Llegando, la enfermera entró a avisar que me traía en la silla. Me hizo pasar y una de las enfermeras me miró con cara de susto y me dijo, “¿Pero qué te ha pasado?”. Dicho esto, aparecieron tres enfermeras más, con la misma cara de susto, para saber qué había pasado conmigo. Les expliqué lo que les acabo de contar. Y luego me dijeron, “pero es que tú nunca vienes así, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?, ¿llamamos al doctor?”. Preocupación total jeje. Les dije que no era necesario, que mientras esté quieto, no me sentía mal ni nada. 

Ven que enfermeras tan dedicas… y desconfiadas jajaja. Luego que me instalaron y empecé a recibir la QT, me quedé dormido. En algún momento de mi plácido sueño escuché que decían mi nombre… Pero no en el sueño, sino de verdad, y me desperté. Abrí los ojos y frente mío estaba una de las enfermeras con la doctora de turno. Que linda visión por mi mare jajaja. Más buena la doctora jajaja. También bueno en su atención, creo… porque me hizo las preguntas de rigor, escuchó mi corazón y respiración, le conté lo que les había dicho a las enfermeras, y me dijo que no era necesario hacerme nada de nada, que son los efectos de la QT y que si necesito la silla que la pida. Tal vez me hubiera sentido mejor si me daba su teléfono… para alguna emergencia claro jajaja. 

Me quedé tranquilo, pero las enfermeras no jajaja. Pero no podían hacer más pues la doctora dijo que no era necesario nada, así que, ni modo, todos a confiar en lo que dijo. Yo retomé mi descanso… hasta que empezó el jaleo, parte dos jajaja.

Había quedado con una amiga para que me acompañe a la salida y también para que me ayude a sacar mis siguientes citas. Hasta ahí todo bien. Al medio día me había escrito mi “compi” del hospital, aquella de la historia de hace unos meses (¡Nos encontramos de nuevo! Jeje http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/03/consonancia-y-resonancia.html), que iba a ir y que se desocupaba entre 1 y 2, y que si coincidíamos nos íbamos a almorzar. Obvio dije que si. Van dos… jajaja. Curiosamente, otra amiga me dijo que estaba pululando por Madrid, y que si me podía ir a visitar al hospital. Le dije que sí pero que las visitas solo pueden estar de 5 a 10 minutos. ¡Tres al hilo! Jajaja.

No recuerdo bien como fue el cambalache jajaja, pero entre la 1:30 y 2:30, tenía a las tres entrando y saliendo de la sala, y claro en algún momento tuve a las tres a la vez, sentadas frente a mí, hasta que la enfermera pasó que esto era demasiado y que tenían que salir jajaja. Al final esperaron fuera y quedamos en ir a almorzar al peruano que está por mi casa (Pollo y Carbón, para mí, el mejor de Madrid). Gracias por la compañía... ¡son las mejores!

Ese mismo día no me dijeron nada ni las enfermeras ni mis amigos, pero en los días siguientes sí… no sobre el cambalache, sino sobre cómo se me veía, y que efectivamente estaba muy hinchado, con cara de enfermo y que nunca me habían visto así.  Les doy la razón, creo que sólo me sentí así en la primera ronda de QT, así que sin duda fue uno de los días que peor me he sentido desde que empezó el tratamiento allá por marzo (http://kikin-rispa.blogspot.com/2019/03/ya-dejame-en-paz_11.html)

“Kikín, ¿tú te pasas no?, cómo vas a hacer todo eso sintiéndote tan mal”. Bueno bueno, tampoco me griten… En principio yo conozco mis límites, y como buen macho alfa de pelo en pecho y lomo plateado, sé hasta dónde puedo resistir, por eso esta vez sí pedí la silla de ruedas porque era justo y necesario. También por eso casi siempre alguien va al hospital a recogerme para acompañarme a casa; cosas de la vida que ese día tuve tres voluntarias jajaja. Además, no había cocinado y tenía q almorzar en la calle, y nadie se puede resistir a la comida peruana, menos de ese lugar que insisto, es el mejor. Y finalmente, moraleja, “la mente ordena al cuerpo, pero el espíritu gobierna la mente” (Proverbio Kikin-o). Y si ya me conocen, mi espíritu, es indomable. 

¡He dicho! 


Una más.- ¡Y nos vamos! El 22/07 será la última ronda de QT, así que apúntense para ir a hacer escándalo al hospital jajaja. 


Kikín Rispa
kikinrispa@gmail.com 
(10 de julio del 2019)

domingo, 24 de marzo de 2019

Consonancia y resonancia

La primera cita que tuve con el oncólogo (Primeros días de marzo), me la dieron como una extraordinaria, y me dijeron que vaya a las 9am. Veía cómo iban pasando todos y tenía que esperar a que me asignen un turno; y me di cuenta que con cada paciente se demoraba como media hora o más. 

Ya por las cuatro de la tarde… quedamos una mujer y yo, ella sería la última. En un momento me paré para estirar la pierna, yo estaba en un pasillo y ella en la sala de espera; pasé por su lado, justo llegó una señora embarazada (Sería atendida al final), miré a la mujer y le dije, “somos los últimos en todo el hospital”. 

Ella me contó que tenía un tiempo atendiéndose con este doctor, que es muy pero muy bueno, pero que se demora mucho con cada paciente explicando todo a detalle, lo cual finalmente es bueno. Me contó también que siempre que tiene cita va preparada para pasar muchas horas, pues alguna vez ha salido de ahí 8 de la tarde. ¡Madre mía! (¡CSM! Para mis peruchos jaja)

Le pregunté si estaba en tratamiento o eran controles. Me explicó su situación. Luego me preguntó la mía. Le conté que tenía un hallazgo y que iba a empezar tratamiento, pero que vengo de una larga historia con el cangrejo, desde Perú, y que ya estaba bien curtido. Seguimos conversando y tuve el impulso de darle mi tarjeta, en la cual tengo una foto escalando paredes (Palestra). Le conté que lo había hecho por diversión, que siempre lo tuve en mente y que luego de la operación de la pierna, lo hice, para no dejar cosas “para después”, pues no se sabe si es que habrá ese “después”. Le conté además que el cáncer había cambiado mi vida y que me ayudó a encontrar mi propósito en la vida, que estaba haciendo en Madrid conferencias de motivación, que había publicado dos libros y muchas cosas más. 

Se le cayeron unas lágrimas. Me desencajó, no lo esperaba, aunque me haya pasado antes (https://kikin-rispa.blogspot.com/2018/08/el-efecto-kikin-toma-1.html). Puse mi mano sobre su hombro para tratar de confortarla, y se le salieron algunas más. Le hice una caricia en la mejilla de manera impulsiva, sin pensar que podía ser muy invasivo para alguien que has conocido hace quince minutos, pero la situación era muy particular. Se puso de pie para tratar de despejarse y le pregunté si podía darle un abrazo (Más invasivo aún). Dijo que sí. Se lo di. Y fue uno de esos abrazos que nunca olvidas en la vida pues fue de corazón a corazón (https://kikin-rispa.blogspot.com/2018/09/el-efecto-kikin-toma-2.html)

Se calmó y seguimos conversando. Me contó algunos otros detalles de su vida y comprendí por qué estaba tan sensible. Al poco rato salió la enfermera y me llamó. Nos dimos otro abrazo y entré a la sala. Al salir, me preguntó que me había dicho el doc, se lo comenté rápidamente y nos volvimos a despedir. 

Salí del hospital, cansado por haber estado todo el día ahí. Camine unos 100 metros y me detuve. Tenía que volver. Tenía que esperarla para saber que le decían. Sentí que me podía necesitar, tanto como yo a ella. 

Esperé poco más de media hora. Me vio y se sorprendió que estuviera ahí, más cuando le dije que me quedé a esperarla. Fuimos a sacar las citas que nos habían enviado y me invitó a tomar un café. 

Conversamos un par de horas. Todo fluyo muy lindo, como si nos conociéramos de tiempo. Conversamos de la vida, del amor, del trabajo, de todo. Todo lo que nos contábamos iba acompañado de un “te entiendo”. Porque así era, yo la entendía, ella me entendía a mí. 

Me sentí en consonancia con ella, y más aún, en resonancia. Sentí que estábamos en un nivel de comprensión de vida muy parecido, y mis vibraciones armonizaban con las de ella. Sentí que lo que yo decía tenía eco en ella, y viceversa, resonando en nuestros corazones mutuamente. 

Tuvo la gentileza de llevarme a la casa de una amiga, la cual me estaba esperando más de una hora. Me dejó prácticamente en la puerta. Se me acabó la batería del celular y le pedí que me escriba, además porque la había invitado a mi conferencia del 7 de marzo. Nos dimos otro abrazo de corazón, y me quedé con una gran emoción en el pecho. 

Hasta el día de hoy no sé nada de ella. Qué triste, ¿verdad? Pero no por lo que imaginan, no porque me gustara mucho o porque me haya enamorado de ella. Ese encuentro no fue casual, los dos estuvimos de acuerdo, nos necesitábamos el uno al otro ahí, en el hospital, en ese café. Ese encuentro fue espiritual, de dos personas que han sido duramente golpeadas por la vida y que necesitan encontrar de vez en cuando un reflejo en el mundo para no sentirse solos, para sentirse importantes para algo, para sentirse amados.

No sé si vuelva a tener noticias suyas o es que esta historia llegó a su fin. Será lo que la vida quiera. Ese encuentro dejó una hermosa huella en mi corazón y no dudo que también para ella. Tal vez deba quedar así, tal vez me la cruce de nuevo en el hospital, tal vez lea esto en mi blog. No lo sé. Lo que sé es que momentos así no los tiene cualquiera, y solo le pasa a personas como yo que nos conectamos con la vida, con otras personas, con el amor. 


¡He dicho! 


Cuando me necesites.- Ahí estaré.


Kikín Rispa
kikerispa2003@yahoo.es
(24 de marzo del 2019)